Capítulo tres - La noble ladrona - Mariam Orazal
Su error no podía haber sido mayor, ni las consecuencias podían ser más catastróficas. El carruaje no solo estaba ocupado por hombres en lugar de mujeres, sino que en él viajaba una de las personas que Megan menos esperaba encontrar y que menos le convenía cruzarse. Si su instinto se había puesto alerta cuando vio asomar por la portezuela la cabeza del primer pasajero, un joven pelirrojo de unos veinte años, lo que sintió cuando Lucas Gordon —Gordon, como ella le llamaba—, marqués de Riversey, descendió de un salto del vehículo fue un absoluto y devastador shock, que le impidió articular palabra y puso su corazón a latir a toque de degüello.